La pausa del verano se
prolongó este año con el grupo de los jueves fueron más de seis semanas las que
se suspendieron las clases. Somos entre 10 y 12 mujeres que nos juntamos todos
los jueves para saborear un libro y comentarlo, es una pausa a la aplastante
cotidianidad y una guarida para al loco trajín de la ciudad, estas reuniones
han forjado lazos amistosos y complicidades inusitadas, lo mejor de la vida es
la amistad gratuita.
El libro propuesto es
El Oro Blanco de Edmund De Waal, me pareció interesante conocer la literatura
de un artista plástico, un alfarero de corazón y tradición, al cual el título
de ceramista no le va, pues su quehacer es el auténtico, el ancestral que se ha
permeado de historias y que ha viajado desde remotos lugares, el de un
alfarero. Todas las mañanas toma una bolita blanca de la mezcla perfecta y
equilibrada de caolín y petunse entre sus dedos, la aplasta levemente contra el
torno rutilante y presiona con delicadeza la masa para empezar a moldear, sigue
girando el torno y con sus dedos humedecidos va alzando las paredes para formar
una vasija de unos 15 cms de alto, con las yemas de los dedos palpa el borde y
lo coloca en una tabla donde hay varias decenas de las mismas vasijas, todas
iguales pero no idénticas, no están hechas con molde sino torneadas a mano, una
por una.
Me hace pensar en el
pasaje del Génesis* cuando Dios hizo al hombre de barro, una materia primigenia
que fue moldeada por el Gran Artífice y cada uno era igual pero no idéntico y
cada uno a imagen y semejanza suya.
Edmund De Waal dice que
este principio es su momento Alfa, y que lo ha hecho por los últimos 50 años,
cada mañana empieza por el principio, sentado encorvado ante el torno y gestando
con sus manos masa blanca de mil tonos, en silencio, y poco a poco emergiendo
“formas”, dice que es una expresión del tiempo ¿Qué no es darle forma a lo informe el acto de crear?
Yo ahora cada mañana
leo 45 minutos antes de hacer nada, es mi momento Alfa, absorbo las formas de
las palabras y trancurre el tiempo.
Susana ha hecho barro,
sabe lo delicado que es alzar una pieza en el torno y nos lo describe muy bien.
La escuchamos y nos fascinamos al pensar que hay que formar con las manos, embarrarse,
y hacer gestos con los dedos, es el tacto el directriz.
Habíamos quedado de
traer a la clase un objeto de porcelana que nos significara algo, que
representara una historia de nosotros para contarla, y cada una hizo un
capítulo de la clase.
Luz María habló del caolín y sus propiedades,
tiene una pieza que nos quiere enseñar porque está calada, es antigua. Laura
trajo una pieza pintada por ella, maravillosa y nos contó lo difícil y delicado
que es lo de los colores y esmaltes. Al reverso la firma de Laura con una
caligrafía modesta y clara como ella.
Gina con ojos chispeantes nos mostró dos
figuras: changuitos y un príncipe en su etapa de sapo con valiosas historias de
generaciones anteriores. Catalina muy discreta sacó de su bolso de Mary Poppins
un platito, dicen que para muestras un botón, forma parte de una vajilla
finísima con chitas, sí esos gatos salvajes exquisitos, y Gina al sobarlo, descubre
que en el filo dorado del platito, había un sello de autenticación, está
quintada con un pequeño sellito a la manera que De Waal está sellando sus
piezas en la 2da parte del libro.
Sofía nos sacudió con
la historia de San Isidro, gran fábrica de loza industrial en DF que sucumbió
por la presión económica de la fallida política neoliberal; importaciones
chinas le dieron al traste a ese gran proyecto mexicano. ¡China tenía que ser! Y es
a China donde el narrador nos va a llevar de peregrinaje.
Tere nos arrancó una
carcajada cuando contó las bondades de tener una muela de porcelana, no quisimos
constatar el acabado.
Y como este grupo ha
forjado amistades y gratuidades, Oli obsequió a Gina su bombonera navideña de
Villeroy-boch, con un espontáneo “Si te gusta, quédatela”.
Mi pieza es la imagen de este blog y me gusta porque esa salsera tiene dos bocas para servir; una más profunda para los líquidos más pesados, los que se asientan, y otra para los superficiales, los ligeros. Es una jarra pero también es una forma de analizar la literatura. ¿De cuál te quieres servir?
Fue una clase en la que
todas tocamos, sentimos, palpamos…otra manera de entrar al relato.
Angélica Breña.
*Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la
tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser
viviente. Génesis 2:7

