lunes, 18 de abril de 2016

Lo que te choca te checa.


Concibo la escritura como un arte que precisa de una práctica continua”, afirmó la escritora cuyo pseudónimo Elena Ferrante ha llenado estantes y rebasado las ventas virtuales en los últimos dos años con su tetralogía napolitana. http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/05/babelia/1446727025_558899.html

Siguiendo sus consejos y a pesar de mí, me pongo a escribir sobre mi experiencia de los primeros dos volúmenes de la tetralogía Una Amiga estupenda y Un Mal nombre. Los rescoldos que se adhirieron a mi alma acabando el segundo libro eran una mezcla de identificación y repulsión. De ahí que me tardara tanto en animarme a reseñar en este blog este fenómeno literario que el diario The Guardian ha calificado como un Bildungsroman feminista. http://www.theguardian.com/books/2016/apr/01/elena-ferrante-books-italian-tv-series-protect-identity-francesco-piccolo

La narradora Lenú fue la principal causa que me hizo sentir repulsión pues su incapacidad para ser dichosa, aunque fuera por momentos, es contundente. Para ella como para muchas de nosotras, es imposible sentirse plena y triunfadora. Cada vez que se miraba en el espejo lo único que veía era lo gorda y fea que es. A través de los diversos episodios de su vida: la infancia, la adolescencia, la juventud ella siempre se saboteaba a sí misma, comparándose con un fantasma recreado por ella misma que identifica con Lila su amiga de la infancia. Así como en la vida, la narración le va presentando oportunidades maravillosas para ser una mujer dichosa, interesante, libre… Pero no, Lenú se niega siempre ese deleite fugaz, no la culpo pues la historia está encajada en un pueblo, que es  igual a nuestros pueblos, “jodido”. Y sería una mala novela si ella no estuviera anclada a tantos prejuicios, que le pesan como grilletes en los pies, hubiera sido una novelucha si hubiera podido librarse fácilmente de las cicatrices indelebles de la violencia padecida y presenciada a través de su vida.
“Solo más tarde llegaría a comprender que sé cómo ser tranquilamente infeliz porque soy incapaz de reacciones violentas, las temo, prefiero permanecer inmóvil y cultivar el rencor”.

Bien dicen que lo que te checa te choca y a mí lo que más me chocó fue la materia prima de lo que está hecha la amistad entre estas dos niñas que se fueron haciendo mujeres: un magma informe y brillante compuesto por envidia, admiración, mezquindad, cariño, vanidad y hasta generosidad. Es muy compleja la amistad que se ha forjado entre dos niñas que van descubriendo, sus cuerpos, desarrollando sus hormonas, compartiendo sus miedos y conquistas. Viéndose a través de la otra como cambia su estar presente en el mundo: pechos, rostro, cintura… los besos y los toqueteos con los novios, mintiéndose una a la otra sobre lo que “se siente”, palpando los sinsabores de la maternidad sin poder nombrarlos hasta ya muy después, constantemente fantaseando con la “felicidad” de la otra e invalidando su propia condición.

Innegable el retrato tan realista que hace la autora de las mujeres latinas que interactúan en comunidades donde reina la violencia del macho, la camorra en Italia y el narco en nuestros pueblos y ciudades que, como la humedad permea en todas las habitaciones los abusos, las tranquizas, los homicidios y las violaciones, se van metiendo a todas las almas y esas conductas violentas tocan a los niños, los grandes, los maestros y el único factor común que enjuga todas estas cosas es el miedo.
“Nos habíamos criado pensando que un desconocido no debía ni rozarnos si quiere, pero que nuestro padre, nuestro novio y nuestro marido podían darnos bofetadas cuando quisieran, por amor, para educarnos, para reeducarnos…”

Lo que nos cuenta Ferrante en estos dos tomos es básicamente cómo son formadas y deformadas las mujeres por los hombres que las rodean. Cómo esos hombres son incapaces de manifestar y expresar el amor o el odio a sus mujeres para crear un vínculo de igualdad. Pareciera que no tienen un lenguaje para expresarlo y entonces: son violentos. Ellas esconden esa repulsión, se guardan esas vejaciones, como cuando escondes y guardas esos calzones manchados de tu primera regla. No sabes bien qué hacer con ese sangrado, qué hacer con esa rotunda verdad de que eres mujer.


Angélica Breña

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