“Concibo la
escritura como un arte que precisa de una práctica continua”, afirmó la
escritora cuyo pseudónimo Elena Ferrante ha llenado estantes y rebasado las
ventas virtuales en los últimos dos años con su tetralogía napolitana. http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/05/babelia/1446727025_558899.html
Siguiendo sus
consejos y a pesar de mí, me pongo a escribir sobre mi experiencia de los
primeros dos volúmenes de la tetralogía Una Amiga estupenda y Un Mal
nombre. Los rescoldos que se adhirieron a mi alma acabando el segundo libro
eran una mezcla de identificación y repulsión. De ahí que me tardara tanto en
animarme a reseñar en este blog este fenómeno literario que el diario The
Guardian ha calificado como un Bildungsroman
feminista. http://www.theguardian.com/books/2016/apr/01/elena-ferrante-books-italian-tv-series-protect-identity-francesco-piccolo
La narradora
Lenú fue la principal causa que me hizo sentir repulsión pues su incapacidad
para ser dichosa, aunque fuera por momentos, es contundente. Para ella como para muchas de nosotras, es imposible sentirse
plena y triunfadora. Cada vez que se miraba en el espejo lo único que veía era
lo gorda y fea que es. A través de los diversos episodios de su vida: la
infancia, la adolescencia, la juventud ella siempre se saboteaba a sí misma,
comparándose con un fantasma recreado por ella misma que identifica con Lila su
amiga de la infancia. Así como en la vida, la narración le va presentando
oportunidades maravillosas para ser una mujer dichosa, interesante, libre… Pero
no, Lenú se niega siempre ese deleite fugaz, no la culpo pues la historia está
encajada en un pueblo, que es igual a
nuestros pueblos, “jodido”. Y sería
una mala novela si ella no estuviera anclada a tantos prejuicios, que le pesan
como grilletes en los pies, hubiera sido una novelucha si hubiera podido librarse
fácilmente de las cicatrices indelebles de la violencia padecida y presenciada a través de su vida.
“Solo más tarde llegaría a comprender que sé cómo ser tranquilamente
infeliz porque soy incapaz de reacciones violentas, las temo, prefiero
permanecer inmóvil y cultivar el rencor”.
Bien dicen
que lo que te checa te choca y a mí lo que más me chocó fue la materia prima de
lo que está hecha la amistad entre estas dos niñas que se fueron haciendo
mujeres: un magma informe y brillante compuesto por envidia, admiración,
mezquindad, cariño, vanidad y hasta generosidad. Es muy compleja la amistad que
se ha forjado entre dos niñas que van descubriendo, sus cuerpos, desarrollando
sus hormonas, compartiendo sus miedos y conquistas. Viéndose a través de la otra
como cambia su estar presente en el mundo: pechos, rostro, cintura… los besos y los toqueteos con los novios, mintiéndose una a la otra sobre lo que “se
siente”, palpando los sinsabores de la maternidad sin poder nombrarlos hasta ya
muy después, constantemente fantaseando con la “felicidad” de la otra e invalidando su propia condición.
Innegable el
retrato tan realista que hace la autora de las mujeres latinas que interactúan en
comunidades donde reina la violencia del macho,
la camorra en Italia y el narco en nuestros pueblos y ciudades que, como la
humedad permea en todas las habitaciones los abusos, las tranquizas, los
homicidios y las violaciones, se van metiendo a todas las almas y esas conductas violentas tocan a los niños, los grandes, los maestros y el único factor común que enjuga todas
estas cosas es el miedo.
“Nos habíamos criado
pensando que un desconocido no debía ni rozarnos si quiere, pero que nuestro
padre, nuestro novio y nuestro marido podían darnos bofetadas cuando quisieran,
por amor, para educarnos, para reeducarnos…”
Lo que nos
cuenta Ferrante en estos dos tomos es básicamente cómo son formadas y
deformadas las mujeres por los hombres que las rodean. Cómo esos hombres son
incapaces de manifestar y expresar el amor o el odio a sus mujeres para crear
un vínculo de igualdad. Pareciera que no tienen un lenguaje para expresarlo y
entonces: son violentos. Ellas esconden esa repulsión, se guardan esas
vejaciones, como cuando escondes y guardas esos calzones manchados de tu
primera regla. No sabes bien qué hacer con ese sangrado, qué hacer con esa
rotunda verdad de que eres mujer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario