viernes, 26 de agosto de 2016

La Literatura se toca

                                                                 


La pausa del verano se prolongó este año con el grupo de los jueves fueron más de seis semanas las que se suspendieron las clases. Somos entre 10 y 12 mujeres que nos juntamos todos los jueves para saborear un libro y comentarlo, es una pausa a la aplastante cotidianidad y una guarida para al loco trajín de la ciudad, estas reuniones han forjado lazos amistosos y complicidades inusitadas, lo mejor de la vida es la amistad gratuita.

El libro propuesto es El Oro Blanco de Edmund De Waal, me pareció interesante conocer la literatura de un artista plástico, un alfarero de corazón y tradición, al cual el título de ceramista no le va, pues su quehacer es el auténtico, el ancestral que se ha permeado de historias y que ha viajado desde remotos lugares, el de un alfarero. Todas las mañanas toma una bolita blanca de la mezcla perfecta y equilibrada de caolín y petunse entre sus dedos, la aplasta levemente contra el torno rutilante y presiona con delicadeza la masa para empezar a moldear, sigue girando el torno y con sus dedos humedecidos va alzando las paredes para formar una vasija de unos 15 cms de alto, con las yemas de los dedos palpa el borde y lo coloca en una tabla donde hay varias decenas de las mismas vasijas, todas iguales pero no idénticas, no están hechas con molde sino torneadas a mano, una por una.

Me hace pensar en el pasaje del Génesis* cuando Dios hizo al hombre de barro, una materia primigenia que fue moldeada por el Gran Artífice y cada uno era igual pero no idéntico y cada uno a imagen y semejanza suya.
Edmund De Waal dice que este principio es su momento Alfa, y que lo ha hecho por los últimos 50 años, cada mañana empieza por el principio, sentado encorvado ante el torno y gestando con sus manos masa blanca de mil tonos, en silencio, y poco a poco emergiendo “formas”, dice que es una expresión del tiempo ¿Qué no es darle forma a lo informe el acto de crear?
Yo ahora cada mañana leo 45 minutos antes de hacer nada, es mi momento Alfa, absorbo las formas de las palabras y trancurre el tiempo.



Susana ha hecho barro, sabe lo delicado que es alzar una pieza en el torno y nos lo describe muy bien. La escuchamos y nos fascinamos al pensar que hay que formar con las manos, embarrarse, y hacer gestos con los dedos, es el tacto el directriz.
Habíamos quedado de traer a la clase un objeto de porcelana que nos significara algo, que representara una historia de nosotros para contarla, y cada una hizo un capítulo de la clase.

 Luz María habló del caolín y sus propiedades, tiene una pieza que nos quiere enseñar porque está calada, es antigua. Laura trajo una pieza pintada por ella, maravillosa y nos contó lo difícil y delicado que es lo de los colores y esmaltes. Al reverso la firma de Laura con una caligrafía modesta y clara como ella.
 Gina con ojos chispeantes nos mostró dos figuras: changuitos y un príncipe en su etapa de sapo con valiosas historias de generaciones anteriores. Catalina muy discreta sacó de su bolso de Mary Poppins un platito, dicen que para muestras un botón, forma parte de una vajilla finísima con chitas, sí esos gatos salvajes exquisitos, y Gina al sobarlo, descubre que en el filo dorado del platito, había un sello de autenticación, está quintada con un pequeño sellito a la manera que De Waal está sellando sus piezas en la 2da parte del libro.
Sofía nos sacudió con la historia de San Isidro, gran fábrica de loza industrial en DF que sucumbió por la presión económica de la fallida política neoliberal; importaciones chinas le dieron al traste a ese gran proyecto mexicano. ¡China tenía que ser! Y es a China donde el narrador nos va a llevar de peregrinaje.
Tere nos arrancó una carcajada cuando contó las bondades de tener una muela de porcelana, no quisimos constatar el acabado.
Y como este grupo ha forjado amistades y gratuidades, Oli obsequió a Gina su bombonera navideña de Villeroy-boch, con un espontáneo “Si te gusta, quédatela”.
Mi pieza es la imagen de este blog y me gusta porque esa salsera tiene dos bocas para servir; una más profunda para los líquidos más pesados, los que se asientan, y otra para los superficiales, los ligeros. Es una jarra pero también es una forma de analizar la literatura. ¿De cuál te quieres servir? 

Fue una clase en la que todas tocamos, sentimos, palpamos…otra manera de entrar al relato.

Angélica Breña.

*Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente. Génesis 2:7


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